¿Qué son los electrolitos y por qué son importantes?

Autor: Herbalife Nutrition | Tiempo de lectura: 4.36 minutos

¿Alguna vez has sentido sed intensa, has presentado resequedad en la cavidad bucal o en la piel, has observado cambios drásticos en la coloración de tu orina, has sentido mareos intensos, dolor de cabeza y/o desorientación? Pues si la respuesta a algunos de estos factores es sí, la razón por la que podrías haber presentado estos signos y síntomas se debe a que has experimentado una pérdida hidroelectrolítica o deshidratación. La deshidratación puede originarse debido a una inadecuada ingesta de líquidos, aumento de la diuresis, presencia de deposiciones líquidas (diarrea), vómitos, por una exposición prolongada a altas temperaturas, entre otros factores (Williams, et. al., 2015). Para evitar desencadenar los signos y síntomas anteriormente descritos te invitamos a seguir leyendo este artículo y conocer la importancia del agua y de los electrolitos. 

¿Qué es el agua y qué son los electrolitos?

El agua es la sustancia fundamental para todo organismo vivo. Es un líquido claro, el cual carece de sabor, color y olor. Su composición química es ampliamente conocida como H20, y es la principal sustancia utilizada para elaborar bebidas rehidratantes, ya que, además de poseer dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, puede incorporar algunos otros elementos como electrolitos (aunque no de forma natural). Dentro de estos electrolitos podemos encontrar al calcio, magnesio, fósforo, cloro, sodio, zinc y potasio (Williams, et. al., 2015). 

Los electrolitos son minerales presentes en la sangre y en las células del cuerpo humano, las cuales pueden ser aportadas por los líquidos, bebidas hidratantes (isotónicas) y alimentos que consumimos. Por su parte, los electrolitos actúan de manera beneficiosa en varias funciones biológicas dentro del organismo manteniendo su equilibrio, regulando la temperatura, promoviendo la secreción normal de ciertas hormonas, entre otras. 

¿Cuánta agua necesitamos al día? 

El agua es un líquido natural, cuya composición prima de elementos que resultan beneficiosos para el correcto funcionamiento del cuerpo humano. Su importancia es tan grande debido a que el agua conforma la mayor parte del peso corporal del organismo, en un adulto sano el agua está presente en más de un 65% (Mahan, et. al., 2017). Así mismo, el agua y los electrolitos son sustancias indispensables para llevar a cabo el metabolismo de los carbohidratos, grasas y proteínas. En ese mismo sentido, el agua y los electrolitos participan en reacciones como el mantenimiento de la temperatura, la contracción muscular, entre otras funciones indispensables. 

Debido a su protagonismo en todas las funciones vitales y las reacciones motoras que permiten el movimiento del individuo, las necesidades hídricas deberían estar en relación con las calorías que consume el individuo. Por ejemplo, si un adulto sano requiere 2000 kilocalorías diarias, el consumo de líquidos debería ir directamente proporcional a las calorías. En ese sentido, este adulto estaría requiriendo 2000 ml de agua al día. En ese mismo contexto, (Cruz, et. al., 2013) propone que para hallar el consumo hídrico de un adulto se mantenga como base 35 ml por kilogramo de peso. Es decir, un adulto que pesa 90 kg debería consumir 3150 ml de agua al día, teniendo en cuenta que el resultado final se obtuvo mediante la multiplicación del peso corporal (90 kg) por la constante (35 ml). No obstante, no son las únicas estrategias para conocer cuánta agua debería consumir un individuo. 

Por otro lado, Williams, et. al., 2015 recomiendan que la ingesta de líquidos se mantenga alrededor de 3,7 litros para varones y 2,7 litros para mujeres, en ambos casos se toma en consideración esta estrategia para adultos mayores de 19 años. Sin embargo, es necesario aclarar que, para hallar los requerimientos hídricos de una persona, siempre debemos tener en cuenta el peso, la edad, estado de salud, los niveles de temperatura del clima en el que desarrolla sus actividades diarias (a mayor temperatura, los requerimientos hídricos serán mayores debido al nivel de pérdidas insensibles de líquidos que ocurren al día), el nivel y la intensidad de la actividad física que realiza (Mahan, et. al, 2017). 

Por último, Williams, et. al., 2015 hace hincapié en su texto “nutrición para la salud, la condición física y el deporte”, que también deben tomarse en cuenta los aportes de líquidos y electrolitos que ofrecen los alimentos que consumimos diariamente. Si hablamos de productos naturales como frutas, verduras, carnes magras, entre otros productos alimentarios; estos poseen agua y diversos electrolitos como el calcio, zinc, potasio, etc. Por otro lado, es posible encontrar electrolitos en alimentos procesados, en este tipo de productos prima la presencia del electrolito sodio y cloro. Sin embargo, cabe aclarar que no se recomienda tener a los productos procesados como única fuente de dichos electrolitos, ya que contienen excesivas cantidades qué pueden resultar perjudiciales para la salud (Mahan, et. al., 2017). 

¿Cuál es la relación del agua con los electrolitos? 

Si bien el agua no es fuente que nos aporte electrolitos, hay una estrecha relación entre el H2O y las moléculas electrolíticas. Esto se da debido a que el agua puede ser almacenada y utilizada por nuestro organismo con la ayuda de estos minerales. El agua almacenada en los compartimientos intra y extracelulares necesita tener electrolitos disueltos en ella para mantener al organismo en un equilibrio óptimo. 

Básicamente, el agua y los electrolitos tienen un trabajo en conjunto llamado “balance hidroelectrolítico”. El balance hidroelectrolítico se refiere a un equilibrio perfecto entre los ingresos y egresos de agua, como ya hemos mencionado los ingresos hídricos pueden darse a través de líquidos o alimentos. Mientras que los egresos se darán a través de la orina, el sudor, la respiración, la defecación, entre otras pérdidas insensibles (Williams, et. al., 2015). Cuando el balance hidroelectrolítico se mantiene en equilibrio se asegura que el organismo se mantenga funcional sin ninguna variación. No obstante, cuando existen más egresos hídricos que ingresos, se produce un desbalance del equilibrio hidroelectrolítico y el cuerpo podría iniciar a presentar ciertas variaciones que se reflejarán en signos y síntomas de deshidratación, tales como sed, mareos, desorientación, entre otros. 

 

Referencias bibliográficas:

Cruz Gallo R, Herrera, T. (2013) Procedimientos clínicos para la atención nutricional. 1° edición. Lima. IIdenut. 

Williams, M., Anderson, D. Rawson, E. (2015) Nutrición para la salud, la condición física y el deporte. Paidotribio. 2da Edición. Pp. 447 – 510.

Mahan, L. Raymond, J. (2017) Krause dietoterapia. Editorial Elsevier. Pp. 3890 - 3906 

Electrolytes: MedlinePlus Medical Encyclopedia

Australian Institute of Sport-Sports Supplement Framework-Electrolytes Group A.